LA LECCIÓN DE JAPÓN
Cuando nos castiga la naturaleza
Liberando su oculta fiereza
Ninguna actividad se endereza
Y toda visión, es aspereza
Después nos azota la pobreza
Campea la desidia y la pereza
Hay que sortearlos con destreza
Y hablar con el corazón, con pureza
Pero eso no es todo, la alta tecnología alcanzada con sus 55 plantas de energía termonuclear los tiene en el filo de la guillotina no solo a los nipones, sino también al mundo entero, la exposición de elementos tan nocivos para el hombre como el uranio, plutonio, estroncio y otros, hace temer el nacimiento de enfermedades cancerígenas y mutaciones que alterarían el normal desarrollo de seres vivos en un radio colosal. La visión de caminantes esqueléticos cual zombis, el desprendimiento muscular de huesos calcinados por la radiación y el calor aterroriza a los habitantes de los alrededores de la planta de Fukushima – Daiichi, las turbinas de enfriamiento han colapsado luego de terremoto y la refrigeración de estos elementos en exposición es cero.
La implementación de plantas termonucleares en el mundo, tienen su origen y causa, en la fluctuante valorización del petróleo como fuente de energía domestica e industrial, la propiedad de este negro elemento en manos de países inmensamente ricos y díscolos a la necesidad de otros países ricos pero sin producción suficiente como para abastecer su mercado interno, hizo del “oro negro” una poderosa arma de chantaje y belicosidad en medio oriente principalmente, y originaron que éstos países, miren otras fuentes de energía como la atómica para proveerse, dando nacimiento a las hoy temibles plantas de energía nuclear.
En una planta de energía atómica
Al estallar su formula tricotómica
Te destruye la forma fisionómica
Haciéndote una figurilla tragicómica
Se altera la figura anatómica
Y la verde flora agronómica
La pérdida es sin duda, astronómica
Y el despertar de la gente, gnómica
No hay nada que hacer, por más que el hombre como especie alcance escalas superiores de desarrollo animal, con pensamientos y tecnologías que desafían la creación divina, lo ocurrido en el país del sol naciente, ha sido una dura lección que todos debemos aquilatar en su verdadera dimensión. Ante los embates de los elementos naturales, llámese agua, viento, fuego, etc. Todo nuestro adelanto es nulo, ni siquiera podemos predecir un seísmo, con todo su progreso Japón está al descubierto de un tsunami por ejemplo, las estaciones de medición y control de éstos y otros fenómenos a pesar de conocerse las posibles zonas de afectación o desastre, siempre hay desgarradoras escenas de muerte y desolación. Lamentablemente, la velocidad de reacción de la ola gigante de un maremoto, no nos alcanza para ponernos a buen recaudo y salvar nuestras vidas. La candidez y desasosiego de muchas personas, hace más abultada la lista de desaparecidos o fallecidos.
Visto y expuesto lo vivido, la necesidad de buscar la protección divina en estos casos, es el único bálsamo de salvación etérea, el amparo celestial es indispensable para asilar sentimientos que explotan libres de control y vigilancia. Y a pesar de poder explicar fácilmente el origen y causa de estos fenómenos naturales y entenderlos “científicamente” y aceptarlos como tal, siempre se recurre al ser supremo para encomendar nuestras almas. Sentirnos tan insignificantes ante la descomunal fuerza de la naturaleza, nos hace parecer bizantinos bichos sin aureola ni favores sobrenaturales, la tierra se defiende de tanta afrenta humana, y en el fondo es una selección natural de renovación y nueva vida, es doloroso, pero hay que entenderlo así.
Que sería del ser humano
Sin sombra de la divina mano
Exentos de lo sobrehumano
Se remeda al cuadrumano
En el pasado el romano
Y con Hitler, el germano
El amotinador tucumano
Hiere de muerte, al hermano
Que les parece
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